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  • Resumen: A partir de estas dos experiencias humanas, la angustia esencial y la alegría del amor se profundiza en el sentido y el valor del anuncio del Evangelio: “nuestra tristeza se cura con un amor infinito”, tal como expresa el Santo Padre Francisco en Evangelii Gaudium. Tanto si se considera la estructura de la subjetividad cuanto el compromiso comunitario y su crisis actual, o si se consideran los desafíos en las familias, la cultura, la educación, etc., la experiencia de la propia finitud natural a partir del trascender y la inquietud ante la exigencia de hacerse cargo de su limitación, se iluminan, en la existencia humana, con la alegría y la esperanza del Evangelio que se renueva y se comunica. Descuidar la finitud personal conlleva el fracaso y la desesperación; y en lugar de alcanzar la conciencia lúcida de la vocación de plenitud y de la vocación política, la personalidad se enajena, engañándose con objetividades o entes a los que se otorga un valor que no tienen. Nos inspiramos en la reciente Exhortación Apostólica y en Santo Tomás, en su visión sobre el amor y la amistad, entendida ésta como la reciprocidad de un amor de benevolencia fundado en una cierta comunicación; es unión y convivencia fundada en la concordia. La amistad produce alegría y mueve al éxtasis de la intimidad. El Evangelio propone la amistad con Jesús que nos salva y el amor fraterno, llena de alegría, otorga identidad y pasión por la vocaciónmisión y por su pueblo.